El año que mató a la vaca

El 2020 mató a la vaca sin piedad alguna. 

La vaca es metafórica, claro, pero tenía que crearte la imagen en la mente. Hablaremos de ella un poco más adelante. 

Te cuento.

Nunca he sido persona de leer libros de autoayuda o motivación. Lo mío son las novelas, los cuentos, de vez en cuando la poesía… y cuando se da la ocasión en la que leo no-ficción, usualmente es de algún libro con información cristalizada y concreta, en lugar de palabras pueriles, vacías o sin fundamento. Preferencia propia. Cada cual que lea lo suyo. 

Sin embargo, para allá para el 2012 a mis diecinueve años, casi veinte, encontré un título peculiar en el closet donde mi mamá guardaba sus libros. Era uno que no hacía promesas superficiales de cómo hacerte rico, ni predicaba el evangelio de la prosperidad, ni ofrecía un “secreto” para la felicidad y el éxito. Era todo lo contrario. De hecho, creo que en ese tiempo la peculiaridad que me llamó la atención fue lo minimalista que era aquel titular: se llamaba simplemente “La Vaca”. 

Esto no es un ensayo en el que reseño, endoso o recomiendo que leas La vaca. Yo solo leí el primer capítulo; ni siquiera estoy seguro de qué trata el libro. 

Pero ese capítulo era todo lo que necesitaba, evidentemente, porque todavía lo recuerdo. Se trataba de una anécdota que involucraba a un sabio maestro y a su joven aprendiz, a una familia en extrema pobreza y, pues, a una vaca. De la historia completa podemos hablar algún día, cuando esta crisis de salud pública acabe, con café o cervezas o mascarilla en mano. Por hoy, te haré el cuento largo corto, parafraseado hasta la máxima potencia. 

Resulta que este sabio maestro caminaba por un pequeño pueblo junto a su aprendiz, a quien le platicaba sobre la importancia de visitar personas en sus hogares por X o Y razón. Claramente no había pandemia en aquel tiempo. Llegan a un pequeño rancho donde vivía una familia en una casita humilde. Imagínate techos de zinc, puertas con musgo y hasta comején. Al conocer a la familia, sale a relucir que su único sustento es una vaca que albergan en el patio trasero. No tenían más nada, pero al menos podían decir que tenían una vaca. Esta les daba cierta cantidad (mínima) de leche al día, la cual podían vender a comercios cercanos y así tener migajas qué comer. Al despedirse y salir, el sabio ordena al joven aprendiz a empujar a la vaca por un barranco (esta es la versión PG; en la que leí originalmente, apuñalan a la pobre vaca). Con pena y confusión, el joven obedece, y se van. 

Años después, el sentido de culpa hizo que el joven (ahora quizás no tan joven) regresara a aquel rancho, posiblemente para ver cómo había sobrevivido la familia (si es que sobrevivieron), y para ofrecerles sus disculpas, pero aquella casita pequeña y sucia con techos de zinc ya no estaba allí; ahora había una más grande, limpia e imponente. Su primer pensamiento fue “los sacaron, les derrumbaron la casa, y construyeron una mejor para nuevos inquilinos”, sin embargo descubrió que aún la habitaba la misma familia, y que parecían estar mejor que nunca. Como punchline para la anécdota, la familia revela que al verse sin su único sustento, hicieron lo posible por encontrar semillas para sembrar en aquel nuevo espacio, su huerto improvisado creció y creció hasta que pudieron suplirse de todas sus necesidades, y hasta vender las sobras a sus vecinos y al mercado del pueblo. 

Boom, chavos, comida, remodelación de casa, etcétera. Fin.

(Si te interesa la historia completa puedes buscar el libro. Me cuentas de qué trata; porque de nuevo, yo solo leí las primeras páginas y no sabría decirte si es bueno o no.)

***

El 2020 fue un año que empecé bastante bien. Aún entre temblores y el susto de que explotara la tercera guerra mundial, muchos de los sucesos inoportunos de esos días no me afectaron directamente. Tenía a mis amistades cerca, había empezado con el pie derecho mi resolución de mejorar mi autoestima y salud mental, iba por el camino correcto, era libre y estaba feliz. Incluso las primeras semanas de lockdown las sobrellevé con éxito; vivir ese momento histórico en un principio no parecía tan mal, siempre y cuando manejáramos bien la crisis como país, que nadie muriera y que todo hubiese durado solo unas semanas. 

No fue así, claramente. Y aunque muchos encontraron cosas buenas en plena pandemia, creo que es preciso decir que la mayoría la pasamos mal. Muchos tocamos fondo. Tocamos fondo sin que otros se enteraran ni pudieran ayudar, pues estábamos todos en nuestras propias burbujas, literalmente. Después de todo, parecía que todos estábamos en las mismas.

Es obvio decir que todo el progreso que había logrado esos primeros meses se fue a la mierda. Ahí aprendí que la pandemia te puede quitar todo, aún sin contagiarte o a los tuyos. Sin necesidad de un resultado positivo podía traerte innumerables efectos negativos. 

¿Qué representa entonces la vaca? 

La vaca es todo aquello que es bueno, pero que te mantiene inerte en el lugar donde estás. Es algo positivo que te sustenta mientras te impide ir por más y te mantiene en aguas estancadas. Dulces, mortales aguas estancadas.

Aún no sé qué pensar de esta metáfora, pero no me queda de otra que ampararme en la idea de que todo esto que el 2020 me arrebató era mi vaca. Quizás, si lo racionalizo así, pueda escribir un mejor capítulo para mi vida este nuevo año. Solo queda buscar las semillas, sembrar en aquel vacío que dejó la vaca y esperar que el 2021 sea el año de cosechas que el 2020 nunca pudo ser. 

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Andrew Merz
Foto por Jean Carlo Emer en Unsplash
Foto por Morgan B en Unsplash

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