Cómo dejar fluir

Tener un blog diario o tener vida social; solo se puede tener una o la otra.

Es como uno de esos triángulos que uno ve en el internet, donde te muestran tres opciones pero solo puedes escoger dos.

Así se resumen mis últimas dos o tres semanas, pero mis tres opciones son “blog diario”, “vida social”, y “dormir al menos 7 horas”. Solo puedo escoger dos y, como se podrán imaginar, “vida social” es la esquinita de mi triángulo que más se ha sacrificado.

Uno puede planificar su día de la forma más detallada posible, pero muchas veces el plan no es suficiente. Hay días en los que hay que dejar que las cosas fluyan por sí solas.

No soy el tipo de persona que vive la vida “fluyendo”, andando sin ton ni son por la vida esperando que el universo me dé lo que quiero sin yo hacer nada. Me considero un poco más empírico, por decirlo así.

Pero no niego que a veces hay que soltar las riendas, decirle adiós al plan y dejar que una fuerza superior a la nuestra se haga cargo de todo, para bien o para mal.

Hoy salí del trabajo un poco tarde y fui directo a un cumpleaños. Claramente, llegué tarde a casa a escribir este post, y probablemente hoy no duerma lo suficiente por eso (Véase Fig. 1).

El plan era salir del trabajo, descansar un rato, comer, escribir en el blog y dormir — ese ha sido el plan diario durante los pasados 19 días. Pero hoy decidí dejarme llevar, ir al cumpleaños a compartir un rato y pasarla bien, y luego resolvería con el blog como pudiera.

Tú sabes, me decidí a dejar que las cosas fluyan.

Y como resultado, no me ha ido tan mal.

Dejé que el día fluyera un poco y me divertí un ratito.

Dejé que las palabras fluyeran en este post y lo pude escribir más rápido. (Quizás… QUIZÁS… pueda llegar a las 7 horas de sueño esta noche).

Siempre es bueno tener un plan; pero sin duda, a veces hay que tirarse pa’ atrás y dejarlo fluir.

Podemos navegar con ímpetu contra viento y marea hacia nuestro destino, o podemos ceder un poco el control y dejar que nos lleve la corriente.

De seguro ese camarón del refrán sabía algo que nosotros no.

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