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blog diario #30: El primer paso

Juguemos a imaginar una vez más.

Imagina que al fin eres quien siempre has querido ser. Llegaste al tope. Todos saben quien eres dentro de tu industria, y hasta fuera de ella te conocen dos o tres. Para mucha gente, tu nombre es sinónimo de impacto, pasión, calidad, o cualquier otro adjetivo con el cual aspires identificarte.

Miras a tu alrededor y, aunque difícil de creerlo en el momento, eres feliz. Tienes todo lo que necesitas y no te hace falta nada, ni material ni emocional. Te sientes realizado, y ahora que has cumplido con todas tus aspiraciones, puedes trazar nuevas metas; metas que ni imaginabas que fueran posibles de tan siquiera pensar.

Eres el modelo a seguir de muchos que a tu edad estaban en la misma posición que tú; un poco perdidos en la vida, sin mucha experiencia pero con pasión y ganas de echar pa’ lante, con un sueño que parece inalcanzable, pero con esperanza de llegar a él porque existe gente que lo ha logrado: existes tú.

De hecho, un día te encuentras con uno de estos admiradores en tu coffee shop favorito y casualmente se sientan a conversar.

Te pregunta: “¿Cómo puedo ser como tú?

¿Cómo puedo lograr todo lo que tú has logrado?

¿Cuál es el secreto?”

Sonríes y tomas un poco de tu café para darte tiempo de pensar en una buena respuesta; una que valga la pena, no como las que te daban a ti cuando estabas en su misma etapa. Sin embargo, piensas que en realidad no eres especial, ni has hecho nada fuera de lo común para llegar a donde estás…

Luego vas recordando todo el camino que te trajo aquí, desde lo más reciente hasta lo más lejano, y ves todas tus victorias y caídas a lo largo de tu vida. Sigues “retracing your steps” y vas viendo cómo fuiste evolucionando poco a poco a través de cada etapa de tu vida, y ni te habías dado cuenta. No habías tenido tiempo para sentarte a pensar en esto. Tú solo caminaste por el rumbo de la vida, paso por paso, y fuiste creciendo en el trayecto hasta ser quien eres hoy.

Vuelves a tu realidad en aquel Café y ahí está tu admirador esperando ansioso tu respuesta. Te das cuenta de que en verdad no hay secreto, solo un camino largo por recorrer. Te ves obligado a darle una respuesta que ni a ti te hubiese gustado escuchar a esa edad, te sientes como esos tipos que tratan de demostrarle al mundo que son súper sabios cuando ni siquiera han comenzado a vivir. ¿Pero qué se puede hacer? Es la realidad; quizás en un futuro la entienda y te lo agradezca por siempre, pero hay que sembrar la semilla ahora.

Luego de una pausa, canalizas tu Maestro Yoda interno y le contestas:

“El secreto es que no hay secreto. El secreto es dar el primer paso, luego el segundo, el tercero, el cuarto, y así consecutivamente hasta llegar donde quieres llegar. En el camino habrá tropiezos, murallas, desvíos, y hasta calles sin salida, pero la clave es seguir caminando. No importa mucho en qué dirección, no te apures; de hecho, la mayoría del tiempo no sabrás ni a dónde vas, pero la vida tiene cierta magia que hace que aquel que no cesa de caminar encuentre su destino tarde o temprano. Solo hay que comenzar con el primer paso.”

Wow, qué sabio eres en el futuro.

***

Estos 30 días de escritos para mí han sido ese primer paso. El miedo a publicar mis pensamientos me impidió por mucho tiempo hacer lo que quería hacer, y este challenge sirvió para enfrentar ese miedo y ver que en verdad no hay nada que temer.

Aprendí mucho; aprendí que no soy el único que piensa las cosas que pienso, siempre hay alguien que se identifica con tus palabras si son genuinas.

Aprendí el valor de ser consistente en lo que te propones; me siento más orgulloso por el hecho de haber cumplido todos los días, que por cualquier otra cosa.

Aprendí a no dudar tanto, (aunque siempre van a haber dudas), porque incluso cuando dudo de lo que escribo, el contenido siempre resuena aunque sea con una persona. No tengo que saberlo todo para ser escritor, solo tengo que mantener viva la curiosidad, el interés y las ganas de contar historias, el resto no está en mis manos.

Solo hay que dar un paso. (luego dos, luego tres…etc.)

¿Qué es lo próximo?

Mi segundo paso es aprovechar el impulso para seguir publicando frecuentemente en este blog. Quiero contar historias ficticias y reales, escribir sobre todo lo que de una forma u otra haya causado impacto en mi vida, con la esperanza de que impacte a otros de la misma manera. Quiero seguir sobreanalizando cosas bobas hasta que se vuelvan interesantes, y escribir sobre ellas.

Y luego, quizás… algún día, publicaré un libro. (luego dos, luego tres…etc.)

Este es mi playground y probablemente mi camino, y me place que estés siendo parte de él.

Quizás nada de esto es gran cosa, pero nada… solo resta una cosa que decir:

Gracias.

Gracias a los que tomaron de su tiempo para leer al menos uno o dos de estos 30 escritos, a los que comentaron, y en especial a los que han estado leyendo desde el principio.

Solo estamos comenzando.

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blog diario #29: Lazos viejos

Hacer nuevas amistades en la universidad no necesariamente es difícil.

Rodeado de cientos de personas de tu edad y con intereses similares, no es sorpresa para nadie que forjes nuevos lazos de amistad en el proceso. Lo mismo pasaba en la escuela; atrapado en un edificio de 8 de la mañana a 3 de la tarde, tomando las mismas clases juntos, comiendo la misma comida y jugando baloncesto juntos, tener amigos era cosa fácil.

Como adulto es distinto, tienes que moverte activamente a ser social, pero cuando te caen las responsabilidades de la vida real, se puede perder un poco el enfoque en ese aspecto.

No solo disminuye la cantidad de amistades nuevas que hacemos, sino que con el cambio tan drástico de estilo de vida, se descuidan los lazos que teníamos con viejos amigos.

Nos graduamos, reímos y celebramos, luego cada cual coge por su lado hasta que, poco a poco, mejores amigos se van convirtiendo en extraños.

Siguen ahí, los ves en las redes sociales todos los días. Se dan like mutuamente en los memes que comparten. De vez en cuando uno que otro logra algo extraordinario en su vida y le reaccionas en su post con el corazoncito de Facebook. Pero hasta ahí llega la relación. Técnicamente, esta persona no es la que tú conoces.

Y va en ambos sentidos; o sea, tú tampoco eres la persona que ellos conocían.

A veces uno siente que extraña cierta época pasada de la vida; yo pienso que lo que en realidad se extraña es a nuestras amistades de aquel determinado tiempo, esas que ya no son parte activa de nuestra vida.

¿Cómo se daría un reencuentro entre viejos amigos? ¿Sería incómodo, como hablar con un completo extraño?

¿O será que nuestra presencia también le traerá recuerdos, y se retoma la amistad como si no hubiese pasado un solo día?

No me hagas caso, solo estoy pensando en voz alta.

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blog diario #28: Los colores de mi memoria

Si creciste en Puerto Rico, de seguro al ver la foto de arriba se te pegó la canción.

Famosa por ser un clásico anuncio de cine y considerada por muchos el verdadero himno de Puerto Rico, “Los colores de mi tierra” se metió en muchos de nuestros corazones desde niños y adolescentes.

Es tan popular, que todavía la ponen de vez en cuando, luego de tantos años desde que se lanzó a las salas de cine y a los televisores en nuestros hogares.

¿Habrá sido efectivo para el negocio? ¿Habrán vendido más latas de pintura gracias a ese anuncio? Yo no sé… solo sé que yo no pienso en Harris Paints cuando lo veo.

Yo solo pienso en amarillo mangó, verde quenepa. Pienso en el azul de adoquines, el rojo flamboyán y el turquesa del mar.

También pienso en popcorn, refresco y un chorro de dulces de contrabando en la cartera de mami, que se compraron en la farmacia, porque en el cine estaban demasiado caros.

Pienso en Icee, en el Cofre Mágico de Burger King y en juegos de Nintendo 64.

Pienso en los Simpsons a las 4pm por Univisión, en juegos de tazos, cartas de Pokémon y en amiguitos de la escuela.

Pienso en Time Out y en el violeta de las paredes del mejor cine que tenía Plaza las Américas: el que estaba donde ahora está Forever 21.

Pienso en días en los que odiaba que me regalaran ropa; solo quería juguetes. Donde creía que Santa Claus existía (SPOILER ALERT), y mi única preocupación era si la cadena de mi Huffy de 20 pulgadas tenía aceite, y que el vaso plástico que le pillé en la goma de atrás la hiciera sonar como una motora.

Los colores de mi tierra es más que un jingle para mí, y estoy seguro de que para muchos otros también.

Es un portal que me lleva a la nostalgia; pinta recuerdos de colores tan vivos, tan reales que me transportan a una época donde el cielo brillaba más azul, el pasto era más verde y todo era color de rosa.

Eso sí que es pintar tu vida.

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blog diario #27: El día en que dirás “lo logré”

¿Cómo se define el éxito?

Para algunos el éxito es poder comprar el carro de sus sueños, vivir en una mansión o ser millonarios. Para otros es poder viajar el mundo, saborear nuevos platos y culturas cada día. Otros simplemente buscamos algún tipo de estabilidad.

Pero, ¿cómo sabemos que “lo logramos”?

De seguro hay una transición sutil entre nuestro estado actual y lo que definimos como “éxito”, una que hace que ni nos demos cuenta de que lo obtuvimos.

Piénsalo…

¿Recuerdas cuando anhelabas todo lo que tienes hoy?

Puede no parecerte mucho, pero hoy tienes algo que posiblemente hace un año no tenías, y querías. Puede haber sido un mejor trabajo, un carro, un logro académico, o cualquier otra cosa material. También puede haber sido algo abstracto, como más tiempo con tu familia, el amor de un ser querido, o la paz mental que tanto necesitabas.

El punto es que todos tenemos algo hoy que en algún momento anhelábamos con todas las ansias del mundo.

Lo logramos. We made it.

Lo conseguimos, y ni cuenta nos dimos. Esa es la transición de la que hablo, y probablemente ocurrió porque nos concentramos en el día a día en lugar del largo plazo.

Pensar en el futuro a veces asusta, paraliza, deprime, da ansiedad. Pensar en el pasado estanca, detiene, mata…

Es en el presente donde encontramos el verdadero éxito; pequeñas victorias que se acumulan hasta que se convierten en grandes logros.

Como bien me dijo una amiga: “Para mí, ‘lograrlo’ es acostarme con alguna satisfacción y paz mental. Uno vive más feliz si vive día a día”.

El éxito está en saber lo que se quiere del día y hacer lo posible por haberlo obtenido al caer la noche. Rinse and repeat.

Algún día, cuando menos lo esperemos, lograremos todo lo que una vez quisimos. Luego nos daremos cuenta de que el éxito nunca estuvo en esas metas grandes, sino en la satisfacción de ganar las pequeñas victorias de cada día.

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blog diario #26: Una tirá de pecho al año no hace daño

Si me has estado siguiendo desde hace al menos dos o tres semanas, sabes que estos escritos son parte de un 30 day challenge que me propuse hace poco.

La idea era darle vida a este blog que tanto la necesitaba, así que acepté el reto de publicar todos los días sin importar que no estuviera satisfecho con el contenido.

Para un perfeccionista como yo, esto es básicamente una pesadilla hecha realidad. Siempre he sido de los que escribe cosas sin mostrarlas a nadie, con la excusa de que lo seguiré editando hasta que esté lo suficientemente “pasable” como para lanzarlo al mundo.

El problema es que nada nunca es “good enough“.

Pero no importando mis complejos, decidí tirarme de pecho y hacerlo, y gracias a eso he creado más contenido para el blog este mes, que lo que hice en el año y medio que llevaba desde que lo abrí.

Treinta escritos en treinta días, y ya estoy en la recta final. Todo porque en una ociosa noche de sábado decidí convencerme a mí mismo de que publicar mis pensamientos sería una buena idea.

Honestamente, estoy contento con el resultado.

Aunque siempre he sido de los que analiza las cosas de mil maneras distintas antes de tomar una decisión, he tenido que aceptar que una que otra decisión impulsiva de vez en cuando viene bien.

Una tirá de pecho al año no hace daño.

En serio, en estos días aprendí que no hay que medir los pros & cons de todo en la vida. A veces hay que tirarse sin pensarlo dos veces y ocuparse de lo demás en el camino.

Alguien una vez me dijo, en una de esas conversaciones que surgen después de las dos de la madrugada: “Tírate con to'”; y no es hasta ahora, años después esa conversación, que empiezo a enterarme del poder de una tirá de pecho espontánea.

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blog diario #25: Calma

Calma…

A veces se me hace demasiado difícil encontrarla. Otras veces ni la trato de buscar.

Irónico, porque por fuera puede que parezca ser la persona más tranquila del mundo. Por dentro, sin embargo, mi mente es un televisor análogo que no encuentra señal.

Estática y ruido; ansiedades y miedos que algún día creí que al fin me habían dejado en paz, regresan imprevistas a mi puerta.

¡Qué bien vendría a veces un poquito de calma!

Alguien alguna vez dijo: “En mi vida sufrí muchos problemas, la mayoría de los cuales nunca pasaron”. (O algo así)

Siempre pienso en esta cita cuando temo la posibilidad de que algo malo suceda. “95% de lo que te preocupa no va a pasar, Andrew,” es lo que me digo a mí mismo.

Pero siempre se queda ese 5% restante en la partecita de atrás de nuestro cerebro. En un pequeño rincón de nuestra mente pensamos que lo peor del mundo puede suceder en cualquier momento, y ese insignificante 5% es suficiente para dañar por completo lo que hasta ahora pudo haber sido un hermoso día.

Si venden calma en frasquitos, y si con ellos puedo borrar miedos, quitar ansiedades y silenciar mi mente, pues dame dos de esos. Uno para llevar.

La calma llega después de la tormenta, sí, pero primero hay que pasar por la tormenta. Esa es la parte difícil. Y lo peor es que muchas veces esa tormenta ni existe, aunque bien la sentimos.

Por lo menos yo encontré mi antídoto, que es la escritura. Siempre me siento mejor después de haber escrito. Palabra por palabra paso por la tormenta con todo propósito, para poder llegar a la calma un poco más ligero.

Dicen que trago amargo se pasa rápido, y antes de seguir sufriendo una tormenta imaginaria, yo prefiero tomarme ese antídoto amargo a cul cul.

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blog diario #24: Silencio

Para mí, el tiempo perfecto para escribir es tarde en la noche. Entre 10pm y 2am, para ser más específico.

Tiene cierta magia el hecho de poder crear mundos nuevos mientras otros duermen. La energía cambia por completo; casi se pueden sentir los sueños de la gente danzando en el aire. La brisa es más fría y carga consigo un toque de alegría y melancolía que, de alguna forma u otra, inspira.

Pero, sin duda, lo mejor de escribir tarde en la noche es la ausencia casi total del ruido diurno.

Sentarse a esta hora a escribir es como hacerle un tributo al silencio. Se te concede una pequeña ventana de paz a cambio de que la uses para acercarte un poco más a tu futuro ideal, y lo mejor que podemos hacer es aprovechar esta oferta y ser parte de la magia.

Es un sentimiento que no sé explicar, asomarme al balcón en mi apartamento y ver despejada la avenida en la que siempre hay tapón durante el día.

Mirar a otros edificios y ver solo una que otra luz encendida, donde quizás haya alguien más como yo, desvelado, disfrutando del silencio de la noche a su manera.

El tiempo en el que vivimos está saturado de alborotos, distracciones y todo tipo de ruidos. Frecuentemente vamos a un paso demasiado rápido; y aunque en muchos casos eso es bueno, a veces es mejor bajar un poco las revoluciones, dejar ir el ritmo cotidiano y abrazar la magia de un silencio rotundo.

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blog diario #23: Siempre detrás del bonche

Caminando por Plaza las Américas, algo me llamó la atención.

Andaba por el segundo piso, acercándome al atrio central, cuando comencé a ver mucha gente asomada en el balcón, mirando hacia la tarima del primer piso.

Algunos de los que iban caminando por el pasillo, al ver tanta gente mirando, se acercaron a mirar también. Yo no tuve otro remedio que unirme a ellos.

Lo que vi al asomarme no era gran cosa. Había una tarimita y lo que parecía ser un desfile de moda a pequeña escala. Los modelos atravesaban la “pasarela” de 10 pies de largo con solo cuatro pasos, y las muchachas casi no podían dar la vueltita que dan cuando llegan al frente, porque no había casi espacio.

Me sorprendió un poco que hubiera tanta gente mirando. No tengo nada en contra de los desfiles de moda, pero honestamente, este no tenía nada especial que ofrecer.

Sin embargo, la gente seguía llegando a mirar.

Después de un minuto me fui. Verdaderamente no había nada interesante allí, y esto lo digo con toda la seguridad de que un aficionado a la moda pensaría lo mismo.

La gente seguía acercándose; no podía descifrar por qué.

Luego recordé que yo fui uno de los que se acercó a mirar como todo buen presentao’, y me reí de mí mismo.

Aquí fue que me di cuenta de lo que pasaba. (Y, por supuesto, aquí también fue que me dije “¡Eso es! ¡Ya tengo de qué escribir hoy!”)

La gente no estaba ahí necesariamente por el desfile. La gente estaba ahí para averiguar qué rayos era lo que tanta otra gente estaba mirando.

Probablemente todo empezó con un grupito pequeño al que sí le interesaba ver el desfile, luego se fueron uniendo curiosos hasta que abarrotaron el balcón, todo por averiguar qué era lo que la gente estaba viendo.

Cuando las cosas llegan a este punto, cualquier cosa parece ser más importante de lo que realmente es. Si todo este corillo parece estar interesado en esto, es porque debe ser algo bueno… ¿Verdad?

Esta es la misma lógica que hizo que nuestras mamás nos inundaran la infancia con un “Y si el grupito se tira por un risco, ¿también te vas a tirar?”

Siempre estamos detrás de lo que hace el bonche. Si lo hace el bonche, es cool. Si a todo el mundo le gusta, a mí me tiene que gustar también.

Por pensar así es que hay tanta música mala en la radio, tantos libros mediocres en las listas de best-sellers, y tantas modas sin sentido por todas partes.

No todo lo que es popular es porque es de calidad; yo fui testigo de eso hoy. Quizás nos vendría bien alejarnos un poquito del bonche de vez en cuando.

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blog diario #22: La musa nunca llega

Hay cientos de historias que pude haber escrito, si no hubiera sido por haberme quedado de brazos cruzados, esperando tener la inspiración para escribirlas.

Pasé muchas noches frente a la computadora, con Microsoft Word abierto (y vacío), sentado esperando a que la Musa cayera del cielo como un relámpago, me tumbara la puerta y entrara a mi casa a la fuerza como Hagrid en el primer libro de Harry Potter, y me dijera: “OK corillo, llegué, que no cunda el pánico. Vamua’ meterle a esas historias que quieres contar.”

Claramente, eso nunca pasó. (Me conformaba con que viniera Hagrid, me dijera “You’re a wizard, Andy”, y me llevara volando en motocicleta hacia Hogwarts, pero eso tampoco se me dió…)

Traducido a lenguaje de muggle, significa que perdí mucho tiempo esperando “sentirme inspirado” para comenzar a escribir esas historias que con tantas ansias quería contar, pero nunca lo hice porque “no me llegaba la musa”.

Esas historias se perdieron, y no fue hasta mucho después que aprendí que las musas no trabajan así.

La musa casi nunca llega, y si lo hace, es mejor que te coja trabajando.

En su libro On Writing, Stephen King escribe que nuestro trabajo con las musas es asegurarnos de que sepan dónde y cuándo estamos escribiendo. (Esto aplica también a otros campos creativos más allá de la escritura)

En otras palabras, si trabajo consistentemente, establezco una rutina creativa, y dejo de esperar a sentirme inspirado para comenzar, entonces aumento las posibilidades de que la musa me toque la puerta (o me la tumbe).

Todo esto es una metáfora que busca comunicar un simple mensaje: usando nuestra creatividad día tras día es que encontramos la inspiración; sentados esperando por ella no logramos nada. Soy testigo de esto, porque estos días he tenido ideas para cuentos que nunca se me hubiesen ocurrido si no hubiera comenzado esto de escribir a diario por 30 días.

Las musas no se esperan, porque si es así nunca llegan. Las musas se buscan mediante la acción constante; lo importante es ejercitar el músculo creativo aunque no haya llegado la inspiración.

Por mi parte, voy aprendiendo esto poco a poco…

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blog diario #21

El blog de hoy no tiene ni título ni sentido. Lo comencé a escribir a las 11:34pm desde mi celular, porque el resto del día (fuera de la media hora que me queda) estuve fuera de casa.

Hoy por poco me quito. En dos ocasiones por poco me quedo dormido sin publicar el post de hoy.

Usualmente llego a casa más o menos con una idea de lo que quiero escribir ese día; siempre a uno le pasan boberías que inspiran durante el día, o se escucha a alguien decir algo interesante que enciende una pequeña chispa de curiosidad, y pues de ahí es que nacen las ideas para el blog.

Hoy, sin embargo, no pasó nada extraordinario, o al menos nada de lo que quisiera escribir.

Así que por poco me quito por no tener un tema del cual hablar.

Te confieso que llevo 20 posts aconsejándome a mí mismo y disfrazándolo como que te aconsejaba a ti.

“Deja que fluya”, “Olvida las expectativas de la gente”, “Haz lo que te gusta”, “Tírate sin miedo”… Son cosas que todos necesitamos oír, incluso yo. Quizás por eso las escribo.

Aún así me pongo presión todos los días por que cada blog por lo menos tenga una frase que ayude a alguien como yo, alguien con metas similares… alguien que no se quiera quedar estancado donde está.

Pero no siempre se puede. De todos modos, yo no soy quien para motivarte. Solo soy una persona en el internet a quien le gusta sobreanalizar las cosas y escribir sobre ellas en busca de que resuenen con alguien más.

Nos comunicamos para conectar, y de alguna forma u otra, quizás eso es lo que busco cuando escribo.

Lo que sí sé es que empecé este reto de 30 días para volver a escribir por placer, y hoy, en el día #21, me doy a mí mismo un pequeño reminder.

¿Querías algo real? Aquí mis letras crudas, sin editar, escritas desde un celular que corre el riesgo de apagarse en cualquier momento, pero no me he molestado en buscar el cargador.

Este blog no tiene título, ni sentido, ni un punto en específico al que quisiera llegar. No tiene un twist positivo ni inspiracional. No busca motivarte a nada.

O al menos eso depende de qué lado lo veas.